viernes 17 de julio de 2009

Pluja d'entretemps

L'Anna arrossegava l'esquelet desairós pels passadissos de la facultat. No era la primera vegada que suspenia una assignatura, però sí va ser el primer cop que qui la havia suspès era el seu amant. Tampoc no era pas la primera vegada que s'anava al llit amb un professor, i aquesta es la veritable raó del seu 2,8. La gelosia d'en Carles es pot equiparar únicament a la lleugeresa amb la que la jove estudiant es pren tots els temes de la vida, ja siguin irrellevants o de la màxima importància. Si això és així, cóm es pot explicar que aquesta nena l'afectes tan la seva nota? Es a dir, a què es deu que aquest cop no rebés les rabietes del seu amant amb tota l'indiferència que, més que caracteritzar-la, la constitueix com-a persona?

- Estoy escribiendo cositas en catalán como ejercicio de redacción, si alguien encuentra faltas o tiene sugerencias se agradecen mucho las correcciones.

domingo 21 de junio de 2009

lo que dice el silencio

- ¿Mas silencio?
La miró fugazmente sin decir palabra, su cara inexpresiva no impedía que de su rostro emanara un intenso desprecio que ella no le había conocido hasta entonces. Aún así le robó el cigarrillo de la boca con una sonrisa, como una niña que juega a no entender, pero sólo consiguió que el odio en su rostro mudo aumentara.
- ¿Hasta cuando?
Tragó de su copa y se apartó con forzada indiferencia. No podía verla, no soportaba su presencia, coqueteaba más que nunca con la idea de dejarla, de deshacerse del peso de toda esta historia tan parecida al juicio interminable de un condenado a muerte aferrado a la vida. Unas cadenas demasiado fuertes para ser visibles lo ataban a ella, a todo el peso de su locura, de su imprevisible transparencia, de una conducta desconocida que la domina, como un espectador a merced de un director anónimo, sumergida en la teatralización de su propia existencia.
Al volver del lavabo él se perdió entre la multitud "¿Qué cadenas? no hay ningunas cadenas, son el aire, omnipresente y sin embargo ningún impedimento para mi libertad. Me deshago de ella si quiero". No le hacía falta verbalizar este pensamiento intrínseco a toda relación humana, en ese momento su cabeza era un bloque de niebla densa que intentaba aligerar con el alcohol. Entonces ella apareció, toda hechos, esclava de una voluntad desconocida lo tomó de la mano por la fuerza y él se vio obligado a no soltarla para no perderse entre la gente. No pensó entonces que ese momento era una breve metáfora de su situación, si uno de los dos se suelta pierde al otro aunque no por eso pierda su camino, pues una amigo que también sabía encontrar al grupo venía con los dos. El desprecio visceral que sentía hacia ella en ese momento se confundía con el calor conocido de su mano, el que hubiese una finalidad funcional que justificase el hecho de que estuviesen cogidos traspasaba las barreras de todo el contexto que los enfrentaba, y los convertía en sólo eso, en dos manos unidas para no perderse entre la multitud, aunque sin tenerse el uno al otro acabarían los dos igualmente por encontrar su camino.
En el instante mismo en que llegaron con los demás dejó de haber una supuesta razón para seguir unidos y se soltaron, él volvió a su labor de disfrutar de la compañía de sus amigos a pesar de ella, y ella se quedó sola con el mareo de una culpa que no sentía del todo merecida. Hasta entonces todo entre ellos siempre había sido difuso, inconcreto; sin haberlo acordado nunca dos cuerpos constituidos por los celos habían pactado fidelidad a pesar de no haberse unido. Él no lo había querido y cuando ella le insistía en el por qué, él se justificaba con palabras difusas, o sin ellas. Sus interminables silencios sólo se acababan cuando ella le buscaba, la ambigüedad de la relación se convertía en una confusa desolación que la hacía sentirse irrelevante, incluso una carga, un estorbo. Bien pasado un año de haberse conocido él se consideraba soltero ante sus amigos, incluso estando ella delante ¿cómo no iba a sentirse insignificante, incluso humillada? Cada día se preguntaba cuanto tiempo pasarían sin saber nada el uno del otro si ella no le llamase.
Se quedó un rato allí de pie, sola, incómoda, mirando al grupo de amigos. Decidió perderse entre la multitud, nadie la echaría de menos y alguien la echaba de más (lo comprobó porque nadie le envió un mensaje tras irse sin avisar), ¿qué sentido tenía quedarse allí? La música y el escándalo de la gente formaban parte de una realidad paralela a la suya, su cabeza era un enjambre, pero ya no podía pedirle disculpas, no podía, siempre era ella quien tenía que disculparse, incluso por las cosas que él había hecho, y todo con tal de no perderle, porque ella pensaba que a él le importaba poco perderla, como había sido con todos los hombres que había querido. Una palabra mal interpretada podía dar pié a una discusión y a un silencio infinito. Ella estaba cansada, no quería perderle, le dolería en el alma, ella le había dicho cientos de veces a la cara las razones que la llevan a quererle, pero estaba cansada de la imprecisión, de la indecisión, y del silencio de ese amor a cuentagotas. Por eso lo hizo. Cuando él volvió de su viaje, un par de semanas atrás, parece que tomó la decisión de estar con ella, mientras él lo pensaba ella se perdió un confuso rencor.
No recuerda que habían hablado y que habían supuesto, en todo caso él sabía que nada de todo eso justificaba lo que ella había hecho. El día después de la fiesta durmió hasta bien entrada la tarde, al despertar, mareado de la noche anterior, buscó algo con qué entretenerse. Le pesaría mucho olvidarla, pero podría hacerlo, ya lo había hecho otras veces; la quería, pero no estaba enamorado; compartían muchas cosas, pero no los unía nada más que el deseo de estar juntos, un deseo que él podía controlar, modular, incluso anular si se lo proponía. La vida lo había hecho fuerte, olvidar a una mujer no era un problema. Al cabo de unos días ella decidió llamarle, una voz gélida al otro lado del auricular acordó quedar esa misma tarde para tomar un café. Se sentaron, su cuerpo era una lápida, ella un gusanillo nervioso de mirada perdida que jugaba con la cucharilla del café. Con una voz seca y resuelta él dijo que era mejor dejarlo, sin más. Pronunció esas tres palabras, dejó en la mesa el dinero de los cafés inacabados, e hizo el gesto de irse. Ella intentó impedírselo, pero eso sólo le dio más fuerza y ganas de marchar, y así lo hizo, por mucho que ella se interpusiese él la apartaba de su camino, hasta que finalmente ella desistió y él se fue.

martes 16 de junio de 2009

Noam Chomsky

Recuerdan esa canción homenaje tan triste que le hizo Mecano a Dalí, pues hay algo infinitamente más fuerte, la única entrada digna de ser la número 100 en este blog. Yo he llorado, tú lloraras conmigo.

miércoles 10 de junio de 2009

Serán los Dioses ocultos, o serás tú.



Soy de fuego, no tengo destino, no pierdo, no pienso, no aprendo, sólo ardo o muero.
A las llamas las arrastra el viento.
No quiero destruirte.

Un océano en el corazón, años de lágrimas ahogadas.
Un Dios prisionero que se asoma por tus pupilas.
Lo veo, te juro que lo veo.
Siempre lo he visto.
Sé que le importo, me lo dice en tus ojos.
Tu mirada me dice todo lo que tú callas.

Eres mi sinónimo y mi antónimo.
No me sirven tus no lo sé, porque lo sabes perfectamente.
Siempre lo has sabido.
Nunca has dudado.
No hay nada que tú no sepas.
Pero no has querido.

Soy de fuego, a las llamas las arrastra el viento.
No lo sé, cuando te digo que te quiero es que no lo sé.
No lo sé.
No lo sé.
Lo que no dices cuando dices no saberlo es que temes que el viento cambie de dirección.
Yo no lo sé.
Jamás lo sabré.

Jugar.
Yo siempre querré jugar.
Siempre te diré que sí.
Y si me caigo, renaceré de mis cenizas.
De ellas vivo.
Y tengo más miedo que tú.
Pero no me dejarás caer.
Sé que eso no pasará.
El fuego no piensa,
arde,
se expande,
lo consume todo,
menos a un corazón de agua.

No puedo destruirte.
Eres más fuerte que yo.
Siempre lo serás.
Yo solo vivo,
y quiero vivir más.
Y todas mis palabras no son más que fuego.
Calor a merced del viento.
Calmo o fiero.
Un segundo chispa, el siguiente incendio.
Quiero destruir el mundo contigo.

Y tú estás allí.
Inalterable.
Indestructible.
Como una torre de piedra, la única capaz de sobrevivirme.
Siempre has estado allí.
Desde que te ví por primera vez no has salido de mis ojos.
Ni yo de los tuyos.
¿por qué?

No lo sé.


p.d. me he flipado mucho con todo, I know, jajaja, pero la canción me gusta y da el pego. Pero bueno, los poemas por definición son flipados, sino no tienen ninguna gracia. Además, si por casualidad alguien se pasa por este blog serán los dioses ocultos, o serás tú.

- A Tezcatlipoca

martes 9 de junio de 2009

Dioses ocultos



Tú nunca lo entenderás, nunca.
Palabrejas de una patriota postiza.
Que imagina más que recuerda.
Pero recuerdo que fui mexicana.
Tu color y tu calor fueron el mío, México.
Fui una parte de tu tierra.
Un pasado que hierve.
Una vida interrumpida.
Mi único deseo era vivirte, México.
Y dejé de ser mexicana.

Juraba por Dios y juraba por el infinito.

Y Dios me abandonó y se quedó contigo.

Con la bandera en la cara.

Serán los Dioses ocultos, o serás tú.

Cuando muera renaceré de ti. Porque cuando naces del fuego, de la furia maldita de un país hecho de sangre que hierve de gritos, cuando naces en México, siempre hay una herida abierta con la que riegas el suelo del mundo, no importa dónde haya arrastrado la vida a tus pies.
Serán los dioses ocultos que me acompañarán hasta la tumba, en cada rostro sin piel, en cada pared, en cada segundo.
Una rosa que ha muerto roja eternamente, México.

- A Ixchel

sábado 23 de mayo de 2009

mis florecitas

Cuando les cuento a mis nietas que yo a su edad fui reina de la feria de San Agustín me sonríen así como con cara de no entender, como a una antigualla tonta que no sabe nada. Yo a su edad viví muchas cosas muy bonitas que qué sabrán ellas nunca, mis pobrecitas, lo que son. Me acuerdo que tenía un pretendiente que se quería casar conmigo y me paseaba en coche por la ciudad, orgulloso de que me vieran con él. Cada día había un ramo de flores en la mesa del comedor, un día eran rosas, otro margaritas, otro sabe Dios qué, siempre bien coloridas adornando la casa. Mi papá era un señor muy querido y muy respetado, tan alto y de tan buen porte, ay cómo le lloramos todos cuando se murió, en el periódico de la ciudad fue una noticia tan triste... y su entierro, tantas lágrimas que se juntaron en la iglesia de San Agustín, igualito a como me lo figuré cuando nos dijeron que tenía cáncer, y a su tumba fueron a parar todas las flores que le quedaban por dar a mi pretendiente, porque luego luego me salió mejor partido y a lo poquito de casarme tuve a la mamá de estas muchachas. Pero pues qué les va a importar a estas niñas todo esto que ya ni les cuento para no aburrirlas, tan distinto a lo que están viviendo ellas, sabe Dios si tan siquiera saben lo que es querer. Últimamente me acuerdo del entierro de mi papá porque me da mucha tristeza que me estoy muriendo y sabe quien vendrá a velarme a mí, sabe quien tendrá tiempo de venir a ver en una caja a una vieja tiesa a la que nunca tuvieron ganas de conocer, ya ni por curiosidad de quien les dio la vida. Una namás anda mirando a sabe qué gentes en el Internet, cuando le pregunto dice que son sus amigos pero ni les habla ni los ve nunca, y la otra solo piensa en sus cosas, hace mucho tiempo que se fue a vivir a España y ya es como si ni tuviera familia. Cuando le escribo una cartita ni me contesta, ya ni le hablo por teléfono porque yo ya sé que cuando me muera no me va a llorar ni tampoco se va a sentir culpable por no hacerlo. Pero pues bueno, yo ya no sirvo ya sólo estorbo, en mis tiempos decían que uno recoge lo que cosecha, pero no es cierto, no están en manos de uno los cambios del mundo, que namás se aprovecha de los jóvenes para atontarlos y sacarles provecho cuando están en edad de trabajar. Deveras que cuando yo tenía la edad de estas criaturas la cosa no era así, uno trabajaba para darle de comer a sus gentes, y eso de no querer a la familia, bueno, en qué cabeza cabe. Mis pobrecitas, si pudieran algún día querer a alguien tanto como yo las quiero, tanto como para aguantarme las ganas de decírselo para no molestarlas, yo me muero a gusto, aunque no me vengan a ver.

lunes 11 de mayo de 2009

a la mierda

Este será mi último post de política, de derechos humanos, y de lo jodido que está este mundo y de cómo sólo tiende hacia peor. Lo cierto es que ya no puedo parar, hace un par de meses comencé un trabajo sobre la democracia y me ha atrapado de por vida, así que en algún momento abriré un blog que sólo hable de lo mucho que nos mienten los medios y de cómo nos manipulan los políticos, pero no será aquí. En este blog volveré a mi pasteloso yo literario, pero no sin antes una despedida como se merece a esta breve incursión sobre los peores horrores del mundo.



adios, y a la mirda todo.